Nadie cambia, si no siente la
necesidad de hacerlo, Henry Ford ((1863 – 1947) fundador de la compañía Ford Motor Company).
Faltando 22 meses para la finalización del mandato
de Cristina Fernández, y en un marco obligado de ajuste del gasto público impostergable
por el aumento de la inflación, sin el cual corre serio riesgo que se
descontrole la economía, el kirchnerismo se resigna a que Daniel Scioli asome
como el heredero de la nueva etapa del justicialismo. Daniel Scioli, quien ha
soportado las críticas, el desprecio y lo continuos desplantes del matrimonio
presidencial, se prepara para establecer el sciolismo como la nueva cara del Partido
Justicialista para sobrevivir al fracaso del Modelo Kirchnerista. Esta nueva
etapa buscará, en relaciones externas la vuelta a las relaciones con el Primer
Mundo, acercándose a Lula, Bachelet, y lejos de la revolución bolivariana con
un relanzamiento de las relaciones con EE.UU y los Organismos Financieros de
Crédito y en lo interno volverá a tener protagonismo el Partido Justiicialista
y los Gobernadores, relegando a los llamados movimientos sociales y a la
Cámpora que se encamina a ser una anécdota como el Grupo Suschi de De La Rúa.
Por supuesto que en esta carrera tiene los siguientes riesgos:
- El kirchnerismo duro que todavía no pierde las esperanzas de un candidato propio y apostará a un ballotage, ya que imaginan aun perdiendo conservar un número importante de senadores y diputados. Claro ignoran la historia peronista, las derrotas no se perdonan.
- El massismo que apunta a una gran parte de la clase media como un movimiento superador donde el justicialismo sea una pata más con una estrategia parecida al Frente para la Victoria pero de Centro-Derecha
- Los reclamos de escarmiento de la sociedad para castigar la corrupción kirchnerista, la cual será de imposible cumplimiento por Daniel Scioli ya que es protagonista principal de la década ganada y la prenda de cambio es la inmunidad para los funcionarios que dejarán su cargo (Cristina Fernández de ninguna manera aceptará sufrir el calvario de Carlos Menem). Pero a su favor está el hecho que como siempre en la sociedad argentina, esta variable depende del grado de profundidad de la crisis económica. los argentinos solamente se acuerdan de la corrupción cuando los bolsillos están vacíos.
Todavía queda tiempo para ir madurando el proyecto
pero el cambio, para que nada cambie, está en marcha, muchos son los riesgos
pero Scioli ha demostrado que con un puñado de consignas vacías y apelando a la
buena onda es suficiente para sobrevivir en la convulsionada política argentina.
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