La ambición es el último refugio del fracaso. Oscar Wilde
El 26 de junio del corriente año, la Presidente de
la Nación en un movimiento sorpresivo cambió
toda la cúpula militar de las tres Fuerzas Armadas y al jefe del Estado
Mayor Conjunto, este fue el mayor cambio desde que asumió Cristina Fernández la
primera magistratura en el 2007. Lo que llamó la atención en la ceremonia de
asunción, no fue solamente el cambio por demás sorpresivo, sino el discurso de
la Presidente indicando que las Fuerzas Armadas adoptarán un nuevo “papel”
donde las Fuerzas Armadas cumplirán funciones sociales para ayudar en situaciones de emergencia social como
por ejemplo la actuación en desastres naturales como inundaciones, para ello
destacó la creación de la Secretaria de Coordinación Militar de Asistencia en
Emergencias a cargo de la militante de la agrupación kirchnerista “La Cámpora”
María Cecilia Rodríguez. A esto último se debe destacar que en su asunción cómo
flamante Jefe del Ejército, el General
de División Cesar Milani. quien cuenta con un presupuesto de 333 millones de
pesos para realizar “espionaje estratégico”, tuvo un inaceptable discurso
político donde destacó que pretende un Ejército maduro, mirando hacia el futuro,
para acompañar el Proyecto Nacional que hoy se encuentra vivo e instalado en el
corazón y en la mente de los argentinos. ¿Qué significa esto? ¿qué el Proyecto Nacional está por encima de
la Constitución Nacional y los Intereses de la Nación?. Si sumamos que el
cambio de cúpula se suma el aumento creciente de la influencia de La Cámpora la
organización política coordinada por el hijo de la Presidente Máximo Kirchner,
que se refleja en el nombramiento de Santiago Rodríguez como responsable de la
empresa Fabricaciones Militares , no hace más que sembrar dudas sobre la
política militar del kirchnerismo., donde cabe preguntarse si no es un intento
de “chavización de las Fuerzas Armadas” ante la intención de Reformar la
Constitución Nacional que posibilite la Re-Reelección de Cristina Fernández. Como
antecedente podemos recordar que Chávez luego del golpe fallido de 1992 basó su
política de reformulación de las Fuerzas Armadas no solo en purgar los
elementos contrarios al modelo bolivariano haciendo que más de 1500 militares
fueran dados de baja sino que participó a los mandos militares de la renta petrolera a
cambio de la defensa del Modelo Chavista. Dicho paralelismo se puede
verificar cuando Cristina Fernández promueve tanto la integración del ejército
con la militancia política como los negocios con campos del Ejército para la
explotación agrícola como una forma de ganar su lealtad. Este proceso de
asimilación de las Fuerzas Armadas a un Proyecto Partidista, nos retrotrae a un
pasado que a la República Argentina creía haber dejado atrás y constituye un
grave retroceso en la vida institucional del país donde se desnaturaliza el
papel de las Fuerzas Armadas cuya función no es otra que es defender la Nación
Argentina toda y garantizar el respeto de la Carta Magna.
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