Si una sociedad libre no puede ayudar a sus muchos
pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos. John
Fitzgerald Kennedy (1917 – 1963), trigésimo quinto presidente de los Estados
Unidos.
La República Argentina a pesar de haber crecido los
últimos 9 años en forma ininterrumpida (si tomamos como válidas las
estadísticas del Indec que señala un crecimiento de 1 punto en la crisis del
2009 aunque para fuentes independientes ese año la economía cayó un 2%), no ha
acompañado dicho crecimiento con un desarrollo social orientado a la
eliminación de los asentamientos precarios localmente denominados “villas miserias”. Un
estudio de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) indica que en la
República Argentina hay más de 2 millones de personas que viven en las llamadas
“villas miserias” de Buenos Aires de las cuales 819 se localizan en el Área
Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), que incluye 23 villas en la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, esto no es un fenómeno exclusivo del Área Metropolitana
de Buenos Aires, si bien es donde se registra el crecimiento más explosivo ya
que hasta el 2011 estimaciones indican que los habitantes en estos
asentamientos crecieron un 75% frente a un crecimiento demográfico de 7-8%,
sino que también es un fenómeno que se extiende en el interior, caso de gran
Córdoba que registra más de 130 asentamientos, Ciudad de Rosario donde habitan
no menos de 25.000 familias o Mendoza donde suman 55.000 familias. En el caso
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el distrito que goza de un PBI por
habitante de más de 12.000 dólares (la segunda ciudad de América Latina) sin embargo registra un crecimiento de las
villas miserias de más del 50% donde viven (cifras del 2011) 163.587 personas
distribuidas en 40.000 viviendas, si vamos a la Provincia de Buenos Aires, La
Matanza concentra la mayor cantidad de población en este tipo de asentamientos
con 140.000 habitantes, Quilmes 120.000 habitantes San Martín 81.000
habitantes, por nombrar los partidos de mayor densidad demográfica, todo esto
redunda a nivel país con un resultado que el 25,4% de los hogares argentinos,
unas 3.000.000 de personas posee algún tipo de déficit de vivienda, mientras
que en el Censo del 2001 era del 30%. La contundencia de las cifras hace
imperioso que se revisen las políticas de desarrollo y los mecanismos de
redistribución de los ingresos, iniciativas como el caso de PROCREAR son muy
importantes pero no es suficiente en virtud que la mayor parte del crédito
hipotecario se destina a clase media que alquila, hace falta una verdadera
política nacional de combate de la indigencia e integración a la comunidad de
estos asentamientos brindando los servicios de salud y seguridad y dejar de
lado política demagogas como la colocación de una boca de subte, adicionalmente
cabe mencionar que en el año 2012 de
cada $100 que la Nación presupuestó para urbanizar villas , solamente hasta
Octubre del año pasado se ejecutaron $60. Por negligencia o en forma deliberada
favorecer el desarrollo de asentamientos precarios es la puerta para el aumento
de la delincuencia y el desarrollo del narcotráfico, el fenómeno de la
favelización de nuestra población es una realidad. No es poco.
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