domingo, 30 de diciembre de 2012

Los jóvenes turcos de la Cámpora.

“Ahora resulta que esos estúpidos, imberbes, que gritan, pretenden tener más méritos que aquellos dirigentes sabios y prudentes que, desde las organizaciones gremiales, mantuvieron viva la llama del movimiento durante 18 años” (Juan Domingo Perón, 1º de mayo de 1974)

En 1908 surgió en el Imperio Otomano un nuevo movimiento encabezado por jóvenes militares, de orientación nacionalista y reformista que tenia como discurso terminar con el autoritarismo del Califa, establecer que todos las comunidades autónomas que componían el imperio eran iguales, industrializar al país y convertir llevar al Imperio a la modernidad rompiendo las viejas estructuras existentes. El proceso desembocó fruto de la intolerancia y la inexperiencia de los líderes de dicho movimiento en una dictadura responsable del primer genocidio de la era moderna (genocidio armenio) y la derrota en la primera guerra mundial y posterior desaparición del Imperio Otomano. En nuestro país “La Cámpora” es un movimiento denominado así en honor al ex – presidente Héctor J. Campora, fundado en el 2003 que se presenta como una generación de jóvenes dirigentes que se dicen militantes de la causa “nacional y popular” que han ido creciendo en influencia en la juventud argentina a través de la militancia digital en Internét y redes sociales como Facebock y twiter y que han ocupado en forma progresiva y especialmente a partir del fallecimiento del ex – presidente Néstor Kirchner, espacios en la administración de Cristina Fernández hasta llegar a ser una especie de “guardia pretoriana” al servicio de la actual mandataria. Su secretario general Andrés Larroque y otros líderes de la agrupación como ser el Andrés Larroque, Juan Cabandié, Mariano Recalde, José Ottavis y Eduardo De Pedro, todos coordinados presuntamente por el hijo de la actual mandataria Máximo Kirchner, han ganado en influencia y cargos disputando el poder dentro de la administración de Cristina Kirchner, en detrimento de las otras dos grandes estructuras del movimiento peronista en las cuales se apoyaron Carlos Menem, Eduardo Duhalde e incluso el mismo Néstor Kirchner la Confederación General del Trabajo (CGT) y el Partido Justicialista, tal es así que Cristina Fernández prácticamente ha colocado en las segundas lìneas de cada Ministerio a un integrante de esta agrupación, adicionalmente a los diputados camporistas que ingresaron a la Cámara reemplazando a otros integrantes orgánicos del partido. No obstante lo anterior, su cada vez más notoria e imprudente voracidad de ocupar las estructuras de poder y “el movimiento justicialista” han empezado a preocupar y enojar al Secretario General de la CGT y a los mandatarios provinciales que se ven ignorados, despreciados y marginados por Cristina Fernández que se ha recostado en este nuevo movimiento que se erige en guardián ideológico del movimiento justicialista y se propone reinventar la historia del peronismo presentándose como el movimiento continuador de la juventud peronista reivindicando la lucha de las organizaciones armadas de los ’70 y la figura de Eva Perón y Héctor J. Cámpora por sobre la figura del viejo general. La realidad hasta ahora es que los discursos de los líderes de este movimiento son más de cartón que realidad y que hasta ahora  se han distinguido más por sus abultados sueldos, su incompetencia administrativa que se refugia detrás de las faldas de la actual mandataria y acciones que se distinguen más por la búsqueda de negocios particulares y privilegios que por la transformación social de la realidad argentina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario