La historia se repite: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa. (Karl Marx).
El valor de una nación no es otro que el valor de los individuos que la componen. (Barón de Montesquieu).
En la Argentina luego de ocho años de crecimiento a tasas chinas, seguimos teniendo la misma infraestructura de mediados de la década de los noventa con servicios públicos que no solo no han mejorado sino que empeoraron ya sea suministro de luz, agua, comunicaciones, infraestructura vial y por supuesto transporte. La pregunta es ¿ es eficiente y correcto el destino de los fabulosos subsidios que invierte el Estado que solamente el año pasado constituyeron la friolera suma de pesos 70.000 millones?, y la respuesta nos indica, que nadie sabe a ciencia cierta, dado que los controles de los fondos públicos son cuanto menos laxos, para muestra basta mencionar que desde 2008 se han invertido $2.200 millones en la reestatizada Aerolíneas Argentina y todavía no han presentado un balance rindiendo cuentas, ni mencionar los 800 millones para fundación Sueños Compartidos que terminaron en destinos que nadie ha podido identificar a la fecha y por supuesto, como nos recuerda la tragedia de esta semana, los concesionarios de trenes que recibieron 15.400 millones de pesos en los últimos cinco años, sin mejorar calidad del servicio o seguridad. Estos antecedentes son pruebas de la falta de controles que hay sobre el destino del gasto público en una Argentina donde desde 2003 se ensalza la figura del Estado de Bienestar y la intervención estatal en todas las instancias de la economía pero ¿quien controla al Estado? Y aquí hay un claro retroceso, los casos de corrupción se repiten pero nadie es procesado y las causas no avanzan y los argentinos nos acostumbramos a recibir servicios de tercer mundo (por no decir del cuarto) pagando impuestos del primero (la presión impositiva aumentó en los últimos diez años un 58%, siendo la más alta de América Latina). La falta, o inexistencia de controles, se traduce en corrupción y sus consecuencias son inseguridad, peor educación, peor salud y por supuesto en vidas, el discurso “roba pero hace” es inadmisible ante la repetición de hechos trágicos donde la defección de la función de contralor del Estado no puede sino ser tildada de complicidad, ayer fue Cromagnón 194 muertos, hoy el choque en el Sarmiento 51 muertos (y en los últimos 12 meses 72 muertos por accidentes acumulados antes de este último), ¿mañana que?. Es hora que se haga una discusión de la función de policía que debe desempeñar el Estado para hacer cumplir la ley y de los organismos de control del Sector Público en la Argentina, jerarquizar el papel de la Auditoría General de la Nación (que desde 2003 ya denunciaba deficiencias en el servicio), los Entes Reguladores (¿para que sirve la Comisión Nacional de Regulación del Transporte?) y la Sindicatura General de la Nación (a propósito ¿Cómo puede ser compatible que la titular sea la esposa del Ministro de Planificación, organismo al que se supone debe controlar?), caso contrario los argentinos solamente debemos sentarnos y esperar el próximo desastre.
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