martes, 17 de noviembre de 2015

El Plan desestabilizador del Kirchnerismo



La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”. Bertolt Brecht

Cristina Fernández de Kirchner en los últimos días de su gestión ha decidido sembrar todo un campo minado a su sucesor, Scioli o Macri, de forma tal de asegurar su base de poder con vistas a retornar como senadora en el 2017 para desembocar en una nueva candidatura, de ella (poco probable) o su heredero (¿su hijo Máximo?) que reivindique el Modelo Nacional y Popular en el 2019, luego de obligar a su sucesor a sincerar los graves desequilibrios (retraso cambiario, inflación, déficit fiscal record) producidos por una obscena expansión del gasto público y saqueo de los recursos del Estado. Cristina y su equipo de iluminados, en el último mes ha incrementó la planta permanente en más de 100 personas y habilitado la toma de otras 1000, aumentó partidas presupuestarias en más de 20,000 millones de pesos y el B.C.R.A vende dólar subsidiado a un ritmo de USD 100 millones diarios, lo cual hace prever que la próxima administración heredará reservas reales por solo USD 4.000 millones, un nivel similar a la crisis del 2001. Este escenario diseñado intencionalmente por el Kichnerismo busca dejar sembradas las semillas de una potencial crisis, para retomar las banderas presuntamente progresistas de defensa del Estado, antiajuste y antiliberales desde la oposición, cuando se deba realizar el ineludible ajuste clásico y devaluación que deberá ejecutar su sucesor en sus primeros 100 días el nuevo gobierno. El Plan del Kirchnerismo tiene como intención aplicar un movimiento tipo tenaza, desestabilizando no solo desde el Congreso (queda con una importante cantidad de diputados y primera minoría senado) sino también en campo, con el “control de la calle” utilizando los llamados “movimientos sociales” que son verdaderas organizaciones paraestatales armadas. El objetivo es, producido el ajuste, forzar una crisis con vistas a una victoria parlamentaria en el 2017 y un retorno en el 2019 incluso no descartan cumplido 2/3 del mandato intentar un adelantamiento de las elecciones. Frente a este ambicioso plan, que figura en las mentes afiebradas, de los líderes de la Cámpora (fiel guardia pretoriana del Modelo Nacional y Popular), la próxima administración le quedarían dos estrategias:

  1. Aliarse con la ortodoxia peronista y sindical (Massa, De La Sota, Moyano) para  retomar el control del Partido Justicialista. 
  2. Desencadenar un Mani Pulite a través de una Conadep de la Corrupciòn para investigar los múltiples y graves casos de corrupción de la era kirchnerista.

En ambos casos, la respuesta del kirchnerismo puede ser “patear el tablero” y acelerar una crisis política de consecuencias imprevisibles que le permita a Cristina Fernández no solo ser el Luis XV sino también el Napoleón que restablezca el orden.

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