La crisis
se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de
nacer”. Bertolt Brecht
Cristina Fernández de Kirchner en
los últimos días de su gestión ha decidido sembrar todo un campo minado a su
sucesor, Scioli o Macri, de forma tal de asegurar su base de poder con vistas a
retornar como senadora en el 2017 para desembocar en una nueva candidatura, de ella
(poco probable) o su heredero (¿su hijo Máximo?) que reivindique el Modelo
Nacional y Popular en el 2019, luego de obligar a su sucesor a sincerar los
graves desequilibrios (retraso cambiario, inflación, déficit fiscal record)
producidos por una obscena expansión del gasto público y saqueo de los recursos
del Estado. Cristina y su equipo de iluminados, en el último mes ha incrementó
la planta permanente en más de 100 personas y habilitado la toma de otras 1000,
aumentó partidas presupuestarias en más de 20,000 millones de pesos y el
B.C.R.A vende dólar subsidiado a un ritmo de USD 100 millones diarios, lo cual
hace prever que la próxima administración heredará reservas reales por solo USD
4.000 millones, un nivel similar a la crisis del 2001. Este escenario diseñado
intencionalmente por el Kichnerismo busca dejar sembradas las semillas de una
potencial crisis, para retomar las banderas presuntamente progresistas de
defensa del Estado, antiajuste y antiliberales desde la oposición, cuando se
deba realizar el ineludible ajuste clásico y devaluación que deberá ejecutar su sucesor en
sus primeros 100 días el nuevo gobierno. El Plan del Kirchnerismo tiene como
intención aplicar un movimiento tipo tenaza, desestabilizando no solo desde el Congreso
(queda con una importante cantidad de diputados y primera minoría senado) sino también en campo, con el “control de la calle” utilizando los llamados “movimientos
sociales” que son verdaderas organizaciones paraestatales armadas. El objetivo
es, producido el ajuste, forzar una crisis con vistas a una victoria
parlamentaria en el 2017 y un retorno en el 2019 incluso no descartan cumplido
2/3 del mandato intentar un adelantamiento de las elecciones. Frente a este
ambicioso plan, que figura en las mentes afiebradas, de los líderes de la
Cámpora (fiel guardia pretoriana del Modelo Nacional y Popular), la próxima
administración le quedarían dos estrategias:
- Aliarse con la ortodoxia peronista y sindical (Massa, De La Sota, Moyano) para retomar el control del Partido Justicialista.
- Desencadenar un Mani Pulite a través de una Conadep de la Corrupciòn para investigar los múltiples y graves casos de corrupción de la era kirchnerista.
En ambos casos, la respuesta del
kirchnerismo puede ser “patear el tablero” y acelerar una crisis política de consecuencias
imprevisibles que le permita a Cristina Fernández no solo ser el Luis XV sino
también el Napoleón que restablezca el orden.
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