En una
encuesta realizada por el Estudio Ipsos Mora y Araujo reveló que los
argentinos consideran que el Estado debería tener bajo su órbita,
adicionalmente a los servicios comprendidos en la concepción del Estado
Moderno (justicia, salud y educación);
- Los llamados Servicios Públicos (luz, gas y electricidad) (85% de los encuestados).
- Las compañías petroleras (84% de los encuestados).
- El Sistema Nacional de Transporte (75% de los encuestados).
- Las Empresas Productoras de Alimentos Masivos (53% de los encuestados).
Conforme a
este pensamiento preponderante, la ciudadanía (o al menos una gran
parte de ella) ha apoyado la estatización de las AFJPs, Correo
Argentino, Aerolíneas Argentinas, YPF S.A, Aguas Argentinas, y la
participación del Estado en otras 30 empresas. Se podría pensar que lo
anterior, solamente se limita al aspecto económico pero elementos como
la influencia creciente del Estado en los medios visuales y gráficos que
ha permitido la conformación de un enorme Multimedios Estatal, y
medidas que afectan directamente las libertades individuales como ser el
control de la AFIP sobre las compras y ventas de divisas (no solo
dólares) y la disponibilidad de las mismas, permitiría suponer que los
argentinos se sienten cómodos con un Estado de tipo soviético que se
constituya en el principal empleador (Entre los años 1997 y 2011
la cantidad de empleados en el sector público nacional pasó de 720 mil a
1,5 millón, es decir una tasa de crecimiento promedio de 5% por año, en
tanto la población total del país creció a razón del 1% anual, con lo
cual “la tendencia de largo plazo es que el empleo público crece 5 veces
más que la población total”); centralizador de los recursos del
país (a través de sucesivas reformas a la Ley 23.548 de Coparticipación
Federal las Provincias resignaron en favor del Estado Nacional la suma
de $150.000 millones de pesos), y en el agente regulador que
decide, cuanto, cuando y como se exportan e importan productos en el
país. Claro, está que la contracara a este Estado Paternal que
ambicionan los argentinos, es que tal como en la época de la extinta
Unión Soviética, no solo hemos resignado grados de libertad individual,
sino que tampoco se reciben salud, justicia y educación acorde a los
niveles que cuesta su financiamiento ejemplo; Un trabajador asalariado
formal en la Argentina que tenga un ingreso neto de bolsillo de $ 6045
por mes debería trabajar 171 días para pagar todos los impuestos
que los diferentes niveles de la administración le cobran, nacionales,
provinciales y municipales ya que la presión impositiva es tal que la
Argentina, con una carga de impuestos del 46% sobre el salario promedio
de un trabajador está por encima de Italia, Francia y Finlandia, todos
con 43% y muy por sobre lo que imponen países como México (20%), Estados
Unidos (27%) o Suiza (29%). A lo anterior, cabe mencionar, que de a
poco nos parece cada vez más normales medidas que atentan a las
libertades individuales (ejemplo la violación del secreto fiscal), y la
falta de información de cuanto y como gasta los recursos públicos (desde
Diciembre de 2011 el Estado no brinda detalles en que y como se gasta
el presupuesto a lo que se suma la manipulación de las cifras del
INDEC). En conclusión los argentinos pagamos impuestos del Primer Mundo
pero cabe preguntarse ¿recibimos servicios acorde a los que nos cuestan?
Y principalmente, ¿cuáles son los límites del Estado que estamos los
argentinos dispuestos a tolerar resignando las libertades ciudadanas,
plasmadas en nuestra Constitución?.
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